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Vea un framento de nuestra obra en http://www.youtube.com/watch?v=TDMPYyp8Ezg
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Marramaquiz ama a Zapaquilda pero Zapaquilda le traiciona y marcha con un gato francés llamado Micifuf.
Entonces Marramaquiz, tras resultar inútiles sus esfuerzos por darle celos con Micilda, rapta a Zapaquilda lo que le enfrenta a Micifuf en una batalla final que... ¿pero qué estoy contando?...
Por supuesto, se trata de Lope de Vega y ya sabemos que en Lope hay líos amorosos, rivales, criados, espadas... lo original de esta obra es que todos, galanes, criados, damas y nobles que lo resuelven todo al final, todos ellos son (somos) gatos.

El Candil cambia radicalmente de tercio, se despoja del traje serio de oficinista de nuestra obra anterior, Glengarrry, con la que hemos pateado muchos certámenes y nos convertimos, hoy, en gatos.
Sí, porque, aunque en origen no es una obra teatral, nosotros hemos versionado para que lo sea. Hemos puesto en primera persona lo que Lope puso en tercera. Hemos convertido en cuenta cuentos, resumidos a lo imprescindible, la narración, y le hemos dado movimiento, cuerpo y acción a lo que en las silvas originales eran meras descripciones. Y hemos puesto en pie un escenario de tejados, imaginando los de un Madrid del XVII. También le hemos quitado a la obra largos discursos sobre mitología y referencias muy puntuales, clásicas o históricas, que hoy pesarían sobre la espectación. Hemos dejado al gato en el esqueleto y, sin embargo, hemos conservado, creo yo, la esencia de diversión con que Lope la construyó y la sustancia suficiente para disfrutar del verbo lopesco. Eso esperamos.
Hemos invertido mucho tiempo, trabajo y esfuerzo en la adaptación textual y en ensayos, en el trabajo actoral, en un maquillaje largo, duro y eficaz y en crear una escenografía pertinente.
Y si nuestra puesta en escena a veces roza o cae de lleno en el teatro para niños, piensen que la felicidad en gran parte consiste en volver a la infancia, por unos minutos al menos, y esta obra invita a ser felices.